La condensación es un fenómeno físico que depende principalmente de 2 factores: humedad relativa ambiental y temperatura de la superficie que rodea ese ambiente. Si la temperatura superficial es baja, la humedad (vapor de agua) contenida en el aire se enfría (punto de rocío) y el vapor de agua se convierte en agua líquida sobre la superficie. Es lo que llamamos condensación, o a lo que nos referimos cuando decimos que las ventanas “lloran”.

Pero ¿por qué la condensación se ve reflejada principalmente en las ventanas? Básicamente, porque los cerramientos normalmente son los elementos más débiles de la envolvente de un edificio o construcción desde el punto de vista del aislamiento térmico.

Aislamiento VS conducción térmicos, la clave de la condensación

Ventanas con perfilería metálica sin RPT (rotura de puente térmico) influyen muy negativamente en la aparición de este desagradable fenómeno, puesto que, como ya hemos visto, los metales conducen muy bien el calor o el frío de un punto a otro. Esto también ocurre con el acristalamiento monolítico (un única lamina de vidrio). Si en tu casa los marcos de las ventanas están compuestos por este material, o cuentan con unos cristales sencillos, solo con tocarlas o acercarse a ellas ya se puede percibir el frío del exterior. Esta temperatura, en contacto con la humedad concentrada en el hogar, es lo que provoca que las ventanas lloren.

Por el contrario, los sistemas y materiales aislantes evitan que la temperatura exterior influya en la interior y evitan o dificultan la condensación. La instalación unas ventanas realizadas en PVC y con un doble o triple acristalamiento de altas prestaciones es el mejor de los trucos para evitar que lloren.